Lo que empezó como un programa de pandemia terminó convirtiéndose en un fenómeno cultural y emocional.
Por Gabriela Guerrero Marthineitz
EL 2025 arrancó con un tribuna de 200 personas a terminarlo en un Movistar Arena completo!
Nadie Dice Nada no solo llena teatros y estadios: construye pertenencia, identidad y una comunidad que se abraza en tiempos difíciles.
La señora del lujo silencioso nació en un programa de streaming, invitada por Flor Jazmín Peña en las noches de verano de este año que termina, casi sin proponérselo.
Pensé que serían participaciones breves, algunos intercambios divertidos, y que ahí terminaría todo.
No fue así. Meses después, personas que no conocía me paraban en la calle y me decían: “¿Vos no sos la señora del lujo silencioso?”.
Ese ida y vuelta, ese reconocimiento que no se explica solo por la exposición, es parte del mismo fenómeno que hoy convoca a miles de personas a seguir a “Nadie Dice Nada”, donde vaya, y esto no es fama, es reconocimiento simbólico, es memoria afectiva, es comunidad.
El viernes pasado, el equipo de “Nadie Dice Nada” llenó el Movistar Arena. Pero lo que ocurrió ahí no se explica únicamente por la magnitud del show, la tecnología o las pantallas, lo que se respiraba era otra cosa: una conexión profunda entre quienes estaban arriba del escenario y quienes ocupaban cada butaca.
Una comunidad que se mira, se reconoce y se abraza.
Emociones que se cruzan, van y vienen.
Había chicos, chicas, jóvenes, adultos, madres con hijos, esposas con maridos.
Generaciones distintas unidas por algo en común: sentirse parte.
Parte de “Nadie Dice Nada”, parte de LUZU, parte de un espacio donde lo humano sigue estando en el centro.
Hablé con muchos de ellos. Todos decían lo mismo, con palabras distintas: “me identifico”, “me acompañan”, “me alegran”, “son honestos”.
No hablan desde un pedestal, hablan de lo que les pasa a ellos y, en ese gesto, habilitan que al otro también le pase.
En el escenario, el talento se despliega con generosidad.
Flor Jazmín Peña se luce como siempre: fuerza, entrega, baile, carisma.
Una artista hipnótica que deja el cuerpo y el alma en cada número y que el público ama cada vez más.
Santi Talledo canta con una voz increíble y demuestra un magnetismo que atraviesa. Desde su arte, seduce y conmueve.
Su historia, atravesada por ataques de pánico, lo convierte en referente para muchos jóvenes que encuentran en él identificación y contención.
Momi Giardina con su simpatía arrolladora, demuestra que la dislexia no es un límite sino parte de un recorrido posible.
Baila, se ríe, se anima, y con eso abre puertas para otros.
Martín Garabal aporta ese humor filoso y descontracturado que le pone sal a todo: el ida y vuelta con Nico Occhiato, las cargadas, el juego incómodo y gracioso que genera carcajadas constantes.
Arriba del escenario también están los que muchas veces no se ven: Mauro “Max” de Brito, peluquero estrella de las chicas, Marianela Ego, el Pulpo en batería, Tati Roust, el Turro Marzio, gente de producción que se suma a bailar, tocar, participar.
Esa decisión no es casual: habla de una lógica de inclusión real.
La generosidad de un verdadero líder como Nico Occhiato se percibe ahí, cuando invita a todos a subir al escenario para saludar a la comunidad, cuando muestra que esto no es una figura central sino un proyecto colectivo.
Las familias de los protagonistas estaban presentes, los equipos completos también y eso se siente, porque cuando hay coherencia entre lo que se muestra y lo que se vive puertas adentro, el público lo percibe.
La comunidad de LUZU lo dice mejor que nadie.
María Sol Pérez, fan desde el primer programa, lo resume así:
“Siempre fueron una gran compañía, por su simpleza, empatía y forma simple de hacer las cosas que no tiene la tele.
Te hacen sentir parte de una gran familia.
Todos los días prendo LUZU desde que arranca hasta que termina la programación. Ya son parte de mi vida.”
Ella estaba ahí, en el Movistar Arena movilizando a los nuevos a aplaudir y a apoyar a su “familia” tal como ella los describe.
Uri, otro integrante activo de la comunidad, cuenta:
“Desde Qatar 2022 nunca más los dejé de ver. Generan algo inexplicable: cada logro nuevo es como si vos fueras parte. Yo los considero amigos.”
Y agrega algo clave:
LUZU es como desconectar un rato de la realidad, pasarla bien y olvidarte de todos los problemas.”
En un contexto social atravesado por incertidumbre, ansiedad y sobreinformación, ese dato no es menor.
LUZU funciona como refugio emocional, como espacio de alivio, como pausa necesaria.
Uriel también relata cómo ese espíritu se replica en la comunidad:
“La mayoría de la gente que me sigue (creador de Chismes con Uri) es de LUZU.
Acá no hay competencia, hay apoyo.
Se ponen felices por los logros del otro.”
Hoy Uriel ya no es Uri, es Chis apodado así por Federico Popgold en Patria y
Familia, otro de los programas de LUZU.
Luego de las tribunas de verano vinieron:
2 gran Rex (en uno de ellos Miranda se subió al escenario de Nadie Dice Nada)
2 Antel, Uruguay
4 teatros en Tucumán
4 en Paraguay
2 en Rosario
Cierre 2025 en el Movistar Arena
Sin anunciar grandes figuras, con solo el equipo completo de “Nadie Dice Nada”, estos muchachos mueven multitudes y ahí está el verdadero éxito de un programa!
LUZU no es solo un canal.
LUZU es un sentimiento.
Y eso, definitivamente, merece ser estudiado.
Mi agradecimiento al Sr. Guido Corallo y a la Sra. Gabriela Rivero por invitarme a compartir tan linda y emocionante experiencia.
Hasta la próxima
La Señora del Lujo Silencioso
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