La moda argentina tuvo, en apenas tres noches, su propia auditoría pública.
La entrega de los Martín Fierro de la Moda, el aniversario de Revista Caras y la gala inspirada en “El Diablo viste a la Moda” en el MALBA funcionaron como vidrieras consecutivas de un mismo sistema.
Y cuando se observa el sistema, no el caso aislado, lo que aparece es menos glamoroso que la superficie.
El lujo contemporáneo ya no se define únicamente por la estética ni por el deseo aspiracional.
En un mundo atravesado por tensiones geopolíticas, incertidumbre económica y fragilidad logística, comienza a vincularse con la coherencia, la seguridad simbólica y la verdadera capacidad de sostener y producir aquello que elegimos consumir.
Mientras el mundo discute guerras y las capitales celebran moda, las pasarelas siguen encendidas.
En París se celebra la Paris Fashion Week.
En Argentina, el circuito local continúa con eventos como Buenos Aires Fashion Week.
Modelos, flashes, celebridades, champagne.
Pero afuera del salón, el mundo habla de otra cosa.
Durante décadas, Argentina tuvo una industria textil que hoy parece ciencia ficción.
No solo vestía a su mercado interno: exportaba telas de altísima calidad a Europa, incluso a países con tradición textil centenaria.
Cuando la eterna juventud deja de ser deseo y se convierte en condena. Entre ficciones que parecen realidades y procedimientos sometidos a una industria, hoy hay cuerpos que sufren por no ser aceptados y una sociedad que castiga lo distinto.
Ante la crisis que está atravesando la industria textil estamos corriendo un serio riesgo a que oficios asociados a la moda desaparezcan en poco tiempo.
Las tiendas online chinas y los contrabandos a través de las fronteras son una sentencia de muerte para la industria textil.
Desde su experiencia como ex director de formación de Chanel, Fran Suárez, sevillano de nacimiento, analiza el cambio de paradigma del lujo: de una experiencia espiritual y cultural a un negocio atrapado en la rentabilidad, el volumen y la pérdida de identidad (Coco Chanel, dejó de ser Coco para ser solo Chanel).
Al final, todo vuelve siempre a la misma pregunta: ¿Qué estamos dispuestos a perder como sociedad? Vivimos en una época que celebra la velocidad. La inmediatez como valor, la rapidez como sinónimo de eficiencia, el “ya” como respuesta automática.
Seguimos diciendo que , "de los cuerpos no se habla”, pero en televisión, en redes sociales y en la vida cotidiana, los cuerpos siguen siendo material de burla. ¿Por qué no podemos dejar de juzgar lo que no nos pertenece?
Te contamos por qué se volvió tan viral y cuál es el secreto. La experiencia hace al maestro, dicen. Entrevistamos a Sebastián Marcovecchio, CEO de la compañía, para que nos explique este fenómeno.
Qué nos pasa como sociedad que no se puede opinar o proponer algo distinto? Las personas prefieren más la hipocresía a la honestidad? Hay que callarse para pertenecer y ser aceptado?