Espectáculos
07/08/2026

GUARDIANES DEL PATRIMONIO MEXICANO CAPÍTULO I: ALEJANDRÍA, LA MUJER QUE PRIMERO IMAGINA Y DESPUÉS BORDA

En una pequeña comunidad de la Sierra Otomí, una mujer transforma una tela en blanco en una obra de arte. Su historia es también la historia de miles de bordadoras que, generación tras generación, han preservado una de las expresiones textiles más emblemáticas de México.

Por Gabriela Guerrero Marthineitz

Hay viajes que uno organiza con un itinerario.

Y hay otros que, sin proponérselo, terminan transformándolo.

Mi reciente viaje de investigación por México fue uno de esos.

Durante varios días recorrí pueblos, comunidades y talleres donde el patrimonio cultural sigue vivo gracias a hombres y mujeres que decidieron no dejar morir los oficios heredados de sus mayores.

Cada encuentro despertó en mí una emoción distinta.

En algunos momentos sentí, literalmente, que el corazón quería salirse de mi pecho.

Nada de esto habría sido posible sin la inmensa generosidad de dos grandes amigos: Fran Suárez, español y profundo enamorado de México, de su historia y de sus tradiciones, y José Antonio Díaz, orgulloso mexicano, apasionado por el patrimonio cultural de su país.

Ellos me llevaron por un México que rara vez aparece en las guías de viaje; un México que se descubre escuchando a su gente, entrando en sus casas y comprendiendo que el mayor tesoro de una nación no siempre está en sus monumentos, sino en las personas que mantienen viva su identidad.

Esta es la primera de cinco historias que traje conmigo.

La primera parada fue Tenango de Doria, en el estado de Hidalgo.

Allí conocí a Alejandría.

Después de varias horas de camino, entre montañas cubiertas de vegetación y rutas que parecen alejarse cada vez más de las grandes ciudades, llegamos a una casa con un hermoso jardín al frente que también funciona como taller.

Alejandría nos esperaba con una sonrisa serena.

Sobre una mesa descansaban telas, madejas de hilo de algodón y prendas terminadas que parecían pinturas hechas con aguja.

Pensé que iba a entrevistar a una bordadora.

Todavía no sabía que estaba a punto de conocer a una artista.

Una tradición nacida de la necesidad.

Los bordados de Tenango de Doria nacieron en la década de 1960, cuando una prolongada sequía golpeó a las comunidades otomíes de la región.

Ante la falta de trabajo, muchas mujeres comenzaron a bordar grandes mantas para sostener económicamente a sus familias.

Inspiradas en la flora y la fauna de la Sierra Otomí, llenaron las telas de colibríes, venados, conejos, pavos reales, gallos, flores y hojas.

Lo que comenzó como una necesidad terminó convirtiéndose en una de las expresiones textiles más reconocidas de México.

Cada pieza continúa realizándose completamente a mano y cada diseño es único.

No existen dos iguales.

Alejandría forma parte de esa historia.

Pero también escribe la suya propia.

"Así alcanzaba para sostener el hogar"

Cuando le pregunto cómo comenzó a bordar, no habla primero de ella.

Habla de su madre y de su abuela.

"Mi abuelita y mi mamá bordaban mantas de dos metros por dos metros porque decían que así veían el dinero más junto y alcanzaba para sostener el hogar."

La frase queda suspendida unos segundos.

Tiene la simpleza de las historias verdaderas.

A los cinco o seis años todavía no bordaba.

Su tarea consistía en separar las hebras del hilo de algodón que luego utilizaría su mamá.

Mientras lo hacía, aprendía a combinar colores y observaba cómo nacían aquellos dibujos.

Poco tiempo después, a los 7/8 años comenzó a bordar pequeños pájaros sobre lienzos de apenas cuarenta y cinco centímetros.

"Cuando salía de la escuela hacía uno para el domingo poder comprarme mis dulces."

Sonríe mientras lo recuerda.

No hay nostalgia.

Hay orgullo.

El momento en que entendí que estaba frente a una artista

Hubo un instante durante la entrevista que cambió completamente mi mirada.

Alejandría tomó una prenda completamente blanca.

Sin buscar fotografías.

Sin abrir un cuaderno.

Sin copiar ningún diseño.

Comenzó a dibujar.

La interrumpí.

—¿Me estás diciendo que todo esto lo dibujás vos, directamente sobre la tela y sin ningún modelo?

Me respondió con absoluta naturalidad.

"Así es. Me voy imaginando las flores, las aves... Me encanta dibujar colibríes, pero también conejos, ardillas, pavos reales, gallinas..."

Confieso que me quedé observándola en silencio.

La facilidad con la que distribuía cada figura sobre la tela era asombrosa.

Parecía que el diseño ya existía en su cabeza mucho antes de que el lápiz tocara el lienzo.

Después vendrían los colores.

Después la aguja.

Después miles de puntadas.

Pero la obra ya había nacido.

Fue entonces cuando comprendí que Alejandría no reproduce dibujos.

Los crea.

Bordar también es contar una historia

Cada una de sus prendas tiene un sello propio.

"Le doy mi interpretación, mis sentimientos. Cuando uno está triste elige colores más apagados; cuando está feliz busca colores brillantes."

El colibrí, uno de los animales que más aparece en sus composiciones, representa para ella la libertad y la sensibilidad.

Sus bordados mantienen la simbología tradicional de Tenango, pero llevan también una parte de su identidad.

Por eso ninguna pieza es igual a otra.

El trabajo invisible

Detrás de una camisa, un vestido o una funda para almohadón hay mucho más de lo que imaginamos.

Alejandría diseña.

Dibuja.

Borda.

Lava.

Plancha.

Empaca.

Viaja a exposiciones.

Vende al público y a mayoristas.

Realiza pedidos personalizados.

Y, al mismo tiempo, sostiene su hogar.

Está separada y es madre de tres hijos, dos de ellos universitarios.

"Este trabajo me permite estar con mi familia.

Es un trabajo muy noble. No sé qué haría sin él."

Mientras conversábamos pensé en cuántas veces admiramos una prenda artesanal sin detenernos a pensar en la cantidad de horas, conocimiento y dedicación que existen detrás de ella.

Preservar la autenticidad

Como tantas otras expresiones culturales, el bordado de Tenango enfrenta hoy nuevos desafíos.

Las copias industriales, los patrones descargables por internet y las reproducciones realizadas fuera de la comunidad afectan directamente el trabajo de las bordadoras originales.

Cuando le pregunto si eso la enoja, responde con una serenidad admirable.

"Es un arma de doble filo. Nos perjudica, pero también hace que más gente conozca nuestro trabajo."

Le pregunto entonces cómo puede un comprador reconocer una pieza auténtica.

La respuesta vuelve a ser sencilla.

El hilo de algodón es opaco, el hilo que se utiliza para bordar a máquina es sedoso y brillante

Las puntadas nunca son exactamente iguales cuando se realiza a mano.

Porque una máquina puede copiar un dibujo.

Pero jamás podrá copiar una historia.

Lo que me traje de Tenango

Cuando llegó el momento de despedirnos, Alejandría nos agradeció por haber viajado hasta Tenango de Doria.

Mientras emprendíamos el regreso, pensé que los agradecidos éramos nosotros.

Llegué creyendo que iba a conocer una técnica de bordado.

Me fui después de conocer a una mujer extraordinaria.

Una mujer que aprendió mirando a su madre y a su abuela, que descubrió el valor del trabajo siendo apenas una niña, que hoy sostiene a su familia gracias a un talento inmenso y que; casi sin advertirlo, preserva una de las tradiciones textiles más importantes de México.

Durante años escribí sobre el lujo silencioso.

En Tenango de Doria comprendí que su expresión más auténtica no está en una etiqueta ni en una boutique.

Está en una casa sencilla donde una mujer toma una tela en blanco, imagina flores, aves y animales antes de dibujarlos y, con infinita paciencia, transforma esa visión en una obra irrepetible.

Porque el verdadero patrimonio de un país no vive solamente en sus museos.

Vive, sobre todo, en las manos de quienes lo crean, lo protegen y lo transmiten a las generaciones que vendrán.

La próxima semana, en el segundo capítulo de esta serie "Guardianes del patrimonio mexicano", viajaremos hasta Huehuetla para conocer la historia de Teresa Lino Bello, una mujer indígena que rescató otra técnica ancestral.


Los invito a seguirla en su nuevo Instagram: @alejandriamanila y su Facebook es:

Alejandria Manila

Hasta la próxima!

La Señora del Lujo Silencioso


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