Interés general
18/07/2026

¿QUE ROPA LLEVO? LA VALIJA DEL "POR LAS DUDAS"

El cambio climático no solo transformó el planeta. También convirtió el armado de una valija en un verdadero desafío.

Por Gabriela Guerrero Marthineitz

Hacer una valija ya era complicado.

El cambio climático vino a convertirlo en una verdadera prueba de resistencia.

Veinticuatro kilos.

Ese fue el veredicto de la balanza cuando terminé de preparar el equipaje para mi viaje a Centroamérica.

Las aerolíneas son muy claras: 23 kilos.

Ni uno más. Si te pasás, pagás exceso de equipaje.

Así que ahí estaba yo, negociando entre el pronóstico del tiempo… y la balanza.

Había que sacar algo.

Las botas… afuera, van puestas.

El abrigo más pesado… también.

Volví a pesarla, 22 kilos.

¡Objetivo cumplido!

El problema fue que la ropa que saqué de la valija la llevaba.

Salí de Buenos Aires con apenas 2 grados de sensación térmica.

Iba tapada hasta los ojos, parecía una cebolla: capa sobre capa.

Remera térmica, sweater, campera, bufanda, gorro, guantes.

Llegué al aeropuerto y mi primer destino no fue el free shop.

Fue el baño, ahí empezó el operativo “desarme”.

Primero la bufanda.

Después el gorro.

Los guantes.

La remera térmica.

Subí al avión y me despedí de otra capa.

Y cuando aterricé en Panamá, donde me esperaban treinta grados, me quité el último abrigo.

No llegué a Panamá enterita, fui llegando por capas.

Mientras caminaba por el aeropuerto entendí algo, el cambio climático no solo modificó el planeta, también cambió nuestra manera de viajar.

Hubo un tiempo en que preparar una valija era mucho más simple.

Bastaba con mirar el calendario.

Julio era abrigo.

Enero era traje de baño.

Listo.

Hoy ya no alcanza.

Abrimos la aplicación del pronóstico del tiempo y aparecen sol, lluvias aisladas, humedad, noches frescas, cambios bruscos de temperatura…

Entonces surge la gran pregunta.

¿Qué ropa llevo?

¿Bikini o campera?

¿Sandalias o zapatillas?

¿Vestido o sweater?

La respuesta termina siendo siempre la misma.

“Por las dudas, llevo todo”.

Y así nacieron las valijas del siglo XXI.

Valijas llenas de “por si acaso”.

Metemos la bikini.

Pero también una campera.

Las ojotas.

Las botas.

Un vestido liviano.

Un sweater

El paraguas.

Los lentes de sol.

El sombrero.

Y, si queda lugar, un piloto.

La mitad de la valija ya no está compuesta por la ropa que creemos que vamos a usar. Está formada por el miedo a equivocarnos.

Pero el clima no es el único protagonista de esta historia.

Cuando finalmente llegamos al destino aparece otro personaje inesperado: el aire acondicionado.

Afuera hacen treinta y cinco grados.

Entramos a un restaurante y pareciera que alguien decidió trasladarnos al invierno patagónico.

Volvemos a salir al calor tropical.

Entramos a un shopping y otra vez necesitamos una campera o te enfermas sin escalas.

Nuestro cuerpo pasa del verano al otoño y del otoño al invierno varias veces en un mismo día.

Terminamos llevando abrigo… no para la calle, sino para sobrevivir al aire acondicionado.

Como si eso fuera poco, el paisaje también cambió.

Durante años soñamos con las playas del Caribe y con esa imagen de agua cristalina que tantas veces vimos en las postales.

Hoy, antes de viajar, muchos consultan una palabra que hasta hace pocos años casi nadie conocía: SARGAZO.

Esta macroalga, favorecida por el aumento de la temperatura del océano y otros cambios ambientales, aparece cada vez con mayor frecuencia en distintas playas del Caribe y modifica por completo ese paisaje que imaginábamos perfecto, el olor es desagradable y llegar a nadar se tornó un desafío más que un disfrute.

Mejor, un hotel con pileta!

Ya no alcanza con preguntar si va a llover.

También queremos saber cómo estará el mar.

Y ahí aparece la gran contradicción de nuestra época.

El cambio climático nos obliga a llevar cada vez más ropa “por las dudas”.

Las aerolíneas, en cambio, nos obligan a viajar cada vez más livianos.

El clima nos pide una valija más grande.

Las compañías aéreas, una más chica.

¿En qué quedamos?

Quizás por eso la moda también cambió.

Durante décadas hablamos de tendencias, colores y temporadas.

Hoy la gran tendencia es otra: vestirse en capas.

No por una cuestión estética.

Por necesidad.

Porque nunca sabemos qué temperatura nos espera al cruzar una puerta.

Tal vez el verdadero lujo ya no sea viajar con la valija más elegante.

El verdadero lujo sea abrirla al llegar al destino y descubrir que, por una vez, acertamos con todo lo que llevamos.

Porque, seamos sinceros, el estrés del viaje ya no empieza en el aeropuerto.

Empieza mucho antes.

Empieza frente a una valija abierta, una balanza en el piso, el pronóstico del tiempo en el celular… y la certeza de que, por más que uno planifique, el clima siempre termina teniendo la última palabra.

Te pasó?

Hasta la próxima!

La Señora del Lujos silencioso

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