Espectáculos
19/06/2026

CUANDO EL PERIODISMO DEJA DE INFORMAR Y EMPIEZA A LAPIDAR

El error de Luzu TV y Florencia Peña fue grave y merecía una rectificación. Pero la reacción posterior expuso algo aún más preocupante: colegas que parecieron olvidar sus propios errores, viejas cuentas pendientes entre medios y una creciente fascinación por convertir la caída ajena en espectáculo.

Por Gabriela Guerrero Marthineitz

Quizás Jorge Lanata tenía razón cuando afirmó que “El periodismo ha muerto”,

el periodismo no muere cuando se equivoca; empieza a morir cuando pierde la memoria y la humanidad.


Florencia Peña pidió disculpas.

Luzu TV reconoció el error.

La información era falsa y era grave: se había anunciado la muerte de Jorge Messi, padre de Lionel Messi, cuando estaba vivo.

No hay demasiado que discutir sobre eso.

La noticia debió haber sido chequeada. Punto.


Pero después ocurrió algo que, personalmente, me resultó mucho más inquietante que el error mismo.


Durante horas, gran parte de la televisión y del periodismo parecieron disfrutar de la escena.

No se trató solamente de analizar qué había fallado o de reclamar más responsabilidad.

Hubo algo más.

Algo parecido al placer de ver caer a alguien.


Panelistas, periodistas y programas enteros dedicaron horas a castigar a una Florencia Peña visiblemente afectada.

Se habló de falta de profesionalismo, se cuestionó al streaming como formato y hasta hubo quienes sugirieron públicamente que las marcas deberían dejar de invertir en esas plataformas y regresar a la televisión tradicional.


Y entonces apareció una pregunta incómoda.


¿Desde cuándo el error ajeno se transformó en un espectáculo?


Porque el periodismo tiene memoria o por lo menos, debería tenerla.


¿Cuántas veces se anunciaron muertes equivocadamente?

¿Cuántos productores, periodistas y conductores cometieron errores semejantes? Cacho Fontana tuvo que salir al aire a desmentir su propia muerte.

Sofía Sarkany fue dada por fallecida antes de que eso ocurriera.

Y seguramente la lista podría ser mucho más extensa.


Nadie está exento del error… Nadie.


Por eso sorprende escuchar ciertas voces hablar desde una superioridad moral que parece olvidar que la profesión periodística también se equivoca. Y mucho.


Una cosa es exigir responsabilidad.

Otra muy distinta es disfrutar del escarnio.


Porque cuando alguien se equivoca, lo correcto es corregir.

Lo humano es comprender.

Lo peligroso es convertir la equivocación en una ejecución pública.


Y quizás lo más llamativo fue advertir que detrás de muchas críticas parecía esconderse una batalla mucho más antigua, la vieja rivalidad entre la televisión y el streaming.

Como si una equivocación fuera la oportunidad perfecta para saldar cuentas pendientes.


Pero las audiencias cambiaron.

Los formatos cambiaron.

Y las marcas invierten donde están las personas.

Eso no se modifica porque una producción se equivoque.

Del mismo modo que nadie dejó de mirar televisión porque un periodista o un canal se equivocaron en el pasado.


Tal vez el problema no sea el error.

Tal vez el problema sea la falta de misericordia.


Vivimos tiempos extraños.

Tiempos en los que pedir perdón parece no alcanzar nunca.

Tiempos en los que las redes sociales, los medios y hasta colegas de profesión parecen exigir no una rectificación, sino una condena ejemplificadora.


Como si el objetivo ya no fuera aprender de lo ocurrido sino destruir al que cayó.

Y eso dice mucho más de quienes disfrutan de la lapidación que de quien cometió la equivocación.


Florencia Peña se equivocó.

Luzu TV se equivocó.

Y tendrán que aprender de eso.


Pero si cada error se convierte en una oportunidad para cancelar personas, destruir proyectos y celebrar caídas, entonces el problema deja de ser periodístico.


Pasa a ser humano.


Y mientras veía durante horas a periodistas, panelistas y colegas disfrutar de una caída ajena, no pude dejar de recordar una frase que Jorge Lanata venía repitiendo desde hacía años: «El periodismo ha muerto y todavía no nos dimos cuenta».


Quizás exageraba. O quizás no.


Porque el periodismo no muere cuando se equivoca.

El periodismo se equivoca desde que existe y seguirá equivocándose porque está hecho por seres humanos.

El periodismo muere cuando deja de buscar la verdad y empieza a disfrutar de las ejecuciones públicas.

Muere cuando olvida que la primera obligación es informar y la segunda, no perder la humanidad.

Muere cuando se cree dueño de una superioridad moral que no existe.

Y muere cuando deja de mirarse al espejo.


Porque nadie está libre del error.

Pero todos deberíamos estar obligados a conservar la compasión.


Corregir, siempre.


La Señora del Lujo Silencioso


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