Todos los años, cuando empieza una temporada, la moda nos dice cuáles serán los colores que vamos a usar.
Por Gabriela Guerrero Marthineitz
Hay especialistas que estudian tendencias, hay diseñadores que las interpretan y hasta existe el Pantone Color Institute, encargado de anticipar las paletas que dominarán la moda.
Pero esta vez pasó algo maravilloso.
Hubo un color que no eligió Pantone.
Lo elegimos nosotros.
Desde que empezó el Mundial, los argentinos decidimos vestirnos de celeste y blanco.
Lo vimos en las camisetas, en las banderas, en una bufanda, en una gorra y también en las escarapelas.
Durante unas semanas, el celeste y blanco dejó de ser solamente un símbolo patrio para convertirse en un abrazo colectivo.
Las imágenes fueron emocionantes.
Los banderazos en cada ciudad.
Miles de argentinos recorriendo kilómetros para acompañar a la Selección.
Familias enteras reunidas frente a un televisor.
Amigos que organizaron encuentros para compartir cada partido.
Durante esos días pasó algo muy valioso.
Nos volvimos a sentir parte de algo.
Y eso no ocurre todos los días.
Sin embargo, cuando terminó la final, apareció otra sensación.
Muchos vivieron el segundo puesto como si hubiera sido un fracaso, otros sentimos orgullo y estábamos felices de subir al podio.
Pero esa sensación de fracaso y esa crítica maliciosa, me hizo pensar.
¿Qué nos pasa como sociedad para que llegar a una final del mundo nos deje con sabor a derrota?
¿Por qué muchas veces solo valoramos el primer lugar?
Parece que olvidamos todo lo recorrido.
La entrega.
La disciplina.
El esfuerzo.
El trabajo silencioso.
La capacidad de levantarse después de cada dificultad.
En la vida hacemos exactamente lo mismo.
Si un emprendimiento tarda en crecer, creemos que fracasó.
Si una empresa atraviesa una crisis, pensamos que todo el camino anterior perdió valor.
Si un proyecto no sale exactamente como imaginábamos, sentimos que no sirvió de nada haberlo intentado.
Y no es así.
El mayor aprendizaje de este Mundial no pasa solamente por una copa.
Pasa por haber demostrado que cuando existe un objetivo común, las personas pueden dejar de lado las diferencias y trabajar juntas.
Que el talento necesita preparación.
Que el compromiso importa.
Que ningún equipo llega lejos sin disciplina, liderazgo y coherencia.
Eso vale para una selección.
Vale para una familia.
Vale para una empresa.
Vale para un emprendedor.
Y también vale para un país.
Los que seguimos el Lujo Silencioso hablamos mucho de una palabra:
CRITERIO, y quizás el criterio más importante sea aprender a valorar los procesos y no únicamente los resultados.
Porque el éxito no siempre consiste en salir primero.
A veces consiste en haber dado todo.
En haber representado con dignidad.
En haber inspirado a millones de personas.
En haber unido a un país entero alrededor de una misma ilusión.
Eso también es ganar.
El Lujo Silencioso nunca tuvo que ver con una marca.
Tiene que ver con la calidad de nuestros valores.
Con la excelencia del trabajo que hacemos cuando nadie nos está mirando.
Con la capacidad de reconocer el mérito, incluso cuando el resultado no es exactamente el que soñábamos.
Y quiero terminar con una propuesta.
Hoy existen escarapelas de todos los estilos: clásicas, bordadas, tejidas, pintadas a mano y diseñadas con una enorme creatividad por emprendedores argentinos.
Por eso quiero invitarte a conocer Nanumba Arte, un emprendimiento que sigo desde hace mucho tiempo y del que siempre admiro el diseño, la dedicación y el amor con el que realizan cada pieza.
Voy a compartir algunas de sus escarapelas porque, quizás, encuentres una que te represente.
Elegila.
Llevala con orgullo.
No solamente prendida en la solapa.
Llevala también cerca del corazón.
Porque los colores de la Argentina no deberían aparecer solamente en las fechas patrias o durante un Mundial, deberían acompañarnos todos los días como un recordatorio de quiénes somos.
De lo que podemos lograr cuando trabajamos juntos.
Y del inmenso orgullo de pertenecer a este país.
Hasta la próxima!
La Señora del Lujo Silencioso.
¿QUIEN DEBE GANAR EL MARTIN FIERRO DE ORO?
Lo que comenzó como una jornada de descanso durante los festejos por el 4 de julio en Miami terminó convirtiéndose en un verdadero escándalo para Luciana Salazar.
La escena independiente suma una nueva propuesta con fuerte contenido político. Escrita por Agustín Contino y dirigida por Tomás Exequiel Nuñez, desembarcará el próximo domingo 2 de agosto a las 12 en Teatro La Carpintería (Jean Jaurès 858, Ciudad de Buenos Aires), donde ofrecerá funciones todos los domingos.