Tres generaciones atravesadas por la industria textil argentina. Fábricas que cerraron, talleres familiares, reinvenciones inesperadas y la decisión de volver a empezar una y otra vez. La historia de Natalia es también la historia de quienes sostienen el oficio aun en tiempos difíciles.
Por Gabriela Guerrero Marthineitz
La moda no siempre nace en las grandes capitales ni detrás de nombres rutilantes.
Muchas veces empieza en el fondo de una casa, entre máquinas de tejer, moldes gastados, olor a tela recién cortada y mujeres que trabajan sin mirar el reloj.
La historia de Natalia Romano es la de una familia que conoció el auge de la industria textil argentina, sufrió su derrumbe, atravesó crisis económicas, cambió de rumbo cuando fue necesario y encontró siempre la manera de regresar a aquello que mejor sabía hacer: crear.
Porque detrás de cada prenda hay mucho más que tendencias, hay memoria, aprendizaje, esfuerzo y una pasión capaz de sobrevivir incluso a los momentos más inciertos.
Y quizás por eso esta entrevista trasciende la moda: habla del trabajo, de la herencia emocional y de la extraordinaria capacidad de reinventarse.
1. Natalia, venís de una familia históricamente vinculada a la industria textil. Contanos un poquito la historia familiar.
Soy tercera generación en la industria textil, mi abuelo paterno tenía fábrica de telas y local al público donde mi papá trabajó desde chico y llegaron a ser reconocidos en el ambiente por su excelente calidad en paños de lana para sastrería fina.
Ese negocio se desplomó en los años 90 llegando a tener que romper las telares para vender la propiedad (en ese momento se empezaron a importar telas y la industria nacional desapareció).
Por el otro lado mis abuelos maternos eran fabricantes de tejidos de punto. Montaron su taller en el fondo de la casa, mi abuelo manejaba las máquinas y mi abuela cosía las prendas, llegaron a fabricar para grandes marcas de la época, mi mamá también trabajó con ellos desde chica.
2. ¿Cómo fue crecer en ese entorno?
Fue un acercamiento a la industria que sin darme cuenta me fue formando, siempre rodeada de máquinas (todavía recuerdo el olor a aceite de máquina cuando entro a algún taller), de nombres de telas que empecé a reconocer de grande y no sabía cómo, rodeada de moda y el gusto por la estética, pero sobre todo rodeada de mucho amor por el rubro y de muchísimo trabajo
3. ¿Cuándo nació en vos el interés por la moda y la ropa?
Si bien siempre me gustó la ropa no me imaginaba trabajando en este mundo, cuando terminé el colegio estudié administración de empresas casi 4 años y dejé. Me fui de viaje un tiempo y creo que ahí empecé a encontrar un poco más un estilo personal.
Cuando volví agarré una máquina de mi mamá que había en casa y arranqué transformando y reinventando cosas que ya tenía, que me gustaban de otra manera y haciendo accesorios, carteras, cinturones, usaba retazos que había en los placares. Después se trasformó en algo más serio y empecé a fabricar mi ropa y a estudiar en la UBA la carrera de Diseño de Indumentaria (que finalmente tampoco terminé) y moldería.
Hoy hago un mix de las dos cosas, estoy en la administración y el diseño.
4. Tu mamá trabajó muchos años en el rubro. ¿Qué aprendiste de ella?
Aprendí a querer este oficio, ella siempre tuvo un estilo super elegante, siempre impecable.
Entendí que una buena moldería hace la diferencia, me enseñó a coser, a valorar cada detalle, a buscar siempre la mejor calidad, a buscar esas piezas originales y eternas (aunque nunca fui tan jugada como ella).
Aprendí a jugar con la ropa, a probar y probar hasta llegar a lo que buscamos, nos cuesta un montón porque siempre pensamos que puede estar mejor y nos corre el tiempo!
Ella es una apasionada de la moda.
5. ¿Siempre imaginaste tener tu propio local?
No para nada, cuando empecé y hacía mi propia ropa (con marca Natalia Romano) me daba mucha vergüenza vender, aunque me iba con bolsas pesadísimas llenas de ropa al centro a visitar oficinas donde trabajaban amigas, y después cuando me sumé al emprendimiento familiar con mi mamá y mi papá (luego de un impás de muchas años de crisis cuando cerraron las fábricas y abrieron panaderías artesanales) ellos habían empezado con una marca de tejidos sobre todo de talles grandes.
Vendíamos solo por mayor, mi papá se iba con un muestrario en el auto y visitaba clientas en el interior, durante muchos años solo estuve en el diseño y producción.
6. ¿Cómo nació este espacio en Vicente López?
Después de años de fabricar y ver las bolsas con remanentes empecé a hacer ferias con conocidos y cuando armaba los percheros veía que todo lo que quedaba era super vigente y clásico. Ahí pensamos en abrir un local donde vender al público lo que nos iba quedando y como somos de Vicente López buscamos por ahí primero.
Lo armamos con una amiga que estaba en el ambiente del visual y armado de interiores de locales que me ayudó y enseñó un montón y nos llevamos una sorpresa hermosa con una aceptación espectacular desde el primer día.
Acá empezamos a completar la curva de talles y a fabricar todo tipo de prendas, ya no solo tejidos.
En el local puedo volcar un poco todo lo que me gusta, la decoración y diseño de interior y vidrieras que me encanta!
7. ¿En qué te inspirás para elegir o pensar las colecciones?
Partimos de las nuevas tendencias, pero siempre fieles a nuestro estilo, aunque también reversionamos y perfeccionamos modelos que se van convirtiendo en clásicos temporada tras temporada con colores y detalles nuevos.
Viajamos a Europa para buscar ideas e inspiración pero cada vez más pensamos en el uso cotidiano de la ropa y priorizamos la calidad y versatilidad.
Entendimos que cuando las clientas vuelven a buscar otro color de algo que ya llevaron o al año siguiente preguntan si lo hicimos de nuevo es porque les resuelve y las hace sentirse seguras, ahí es cuando se convierten en clásicos indispensables.
8. Hoy existe mucha moda rápida y producción masiva.
¿Cómo se sostiene un negocio de barrio apostando a la calidad?
En este contexto de competencia feroz entre grandes marcas internacionales y fabricantes de gran escala siento que cada vez más nuestras clientas valoran lo buena calidad y la autenticidad buscando identidad por sobre lo que uniforma.
Saben que en H Ë M E siempre pueden encontrar algo diferente dentro de un estilo que las representa.
9. ¿Sentís que el cliente todavía valora el trato personalizado y las buenas prendas?
Ninguna duda, es algo que estoy experimentando y entendiendo este último tiempo desde que vengo todas las mañanas a atender al local y me preguntan si soy nueva.
Ahí me doy cuenta de que la mayoría ya son clientas de años y creo que eso solo se logra manteniendo la calidad y el buen trato. V
emos que ya sea que compren para ellas o para regalar elijen comprar en el barrio antes de ir al shopping y eso lo hace más especial, que nos elijan por sobre marcas ya reconocidas y puedan valorar nuestro producto.
10. La industria textil argentina atravesó muchas crisis. ¿Cómo se vive eso desde adentro?
Preparar las colecciones con casi 6 meses de anticipación es muy complicado en un país como Argentina con tanta incertidumbre.
Es muy difícil y estresante.
Ver como algunos van quedando en el camino es muy triste también, no todos logran adaptarse o reinventarse, aunque igual hay muchos factores que inciden; la dinámica de consumo cambió en el mundo entero.
Cada día es un logro y un aprendizaje nuevo, es un negocio con muchos altibajos y cuando hay mucha saturación de información y malas noticias se nota enseguida en el ánimo de la gente.
11. ¿Qué te sigue motivando para apostar y seguir adelante en el país?
Van a ser casi 20 años desde que empezamos, vivimos un montón de situaciones difíciles, pero cuando te gusta de verdad lo que haces y miro hacia atrás, me doy cuenta de que hay clientas que nos elijen y acompañan casi desde el principio y esperan nuestras colecciones ansiosas, o veo pasar por la calle a mujeres vistiendo algo nuestro y pasan por la vereda y me saludan con una sonrisa, algunas ya son amigas!
O cuando vamos a nuestros talleres de hace años y conocemos a las familias y los vemos crecer, la recompensa es grande y alimenta las ganas de seguir.
Natalia y su familia son un ejemplo de que hay personas que, cuando todo se derrumba, construyen otra vez.
Y después vuelven a hacerlo.
La verdadera herencia de Natalia no fueron las telas ni las máquinas: fue aprender que el talento puede abrir puertas, pero es la resiliencia la que mantiene viva la creación.
Y vos, ya descubriste la Natalia de tu barrio?
Hasta la próxima!
La Señora del Lujo Silencioso
Tres generaciones atravesadas por la industria textil argentina. Fábricas que cerraron, talleres familiares, reinvenciones inesperadas y la decisión de volver a empezar una y otra vez. La historia de Natalia es también la historia de quienes sostienen el oficio aun en tiempos difíciles.
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