Interés general
30/10/2026

LO QUE ME DEJÓ PURO DISEÑO CAPÍTULO 3: GET WILD, UNA HISTORIA QUE TRASFORMO LA MANERA DE VESTIR

De una búsqueda personal a un proyecto de indumentaria sustentable. Agostina Trovato convirtió la investigación sobre la fibra de bambú en una marca que propone repensar lo que usamos sobre la piel, cómo producimos y qué impacto tienen nuestras decisiones de consumo.

Por Gabriela Guerrero Marthineitz

En mi recorrido por Puro Diseño hubo un encuentro que, curiosamente, comenzó con una visita al toilette, si mi amiga Adelina no hubiera querido ir, quizás no me habría cruzado con el stand de Get Wild. A veces, las mejores historias aparecen cuando menos las buscamos.

Me llamó la atención la calidad de las prendas, su suavidad y su confección.

Quise saber de qué material estaban hechas y descubrí que detrás de esa propuesta había una historia que combinaba investigación, innovación textil y una mirada diferente sobre la moda.

Así conocí el universo de Get Wild y a Agostina Trovato, socióloga, investigadora y emprendedora.

Lo que empezó como una curiosidad frente a un producto terminó convirtiéndose en una conversación sobre la fibra de bambú, la sustentabilidad y la posibilidad de transformar una experiencia personal en un proyecto con propósito.

Agostina, antes de hablar de Get Wild, quiero conocer tu historia.

¿Dónde estudiaste y cómo fue tu recorrido profesional antes de convertirte en emprendedora?

¿Qué inquietudes tenías en aquel momento y qué lugar ocupaban la investigación, la moda y la sustentabilidad en tu vida?


Me recibí de licenciada en Sociología y profesora en Educación Media y Universitaria en la Universidad de Buenos Aires (UBA), y luego realicé una maestría en Investigación Social en FLACSO. También soy profesora de yoga y maestra de Reiki.

Desde chica tuve interés en los hábitos y la salud, y curiosidad por la moda, el diseño, la sostenibilidad y la relación que guardan entre sí. Con los años, aumentó mi interés por estudiar el poder transformador de la vida cotidiana, al igual que mi oficio como socióloga. Conectar con mi propio estilo fue un hallazgo en sí mismo y me permitió aprender mucho acerca de la identidad, la comodidad, el bienestar y lo que comunicamos a través de nuestra forma de vestir.

De alguna manera, me sentía «sapo de otro pozo» en los diferentes ámbitos por los que me movía. Recuerdo que iba a la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA vestida con un look corporativo y después me iba a trabajar a la empresa en la que pasé nueve años de mi vida, de 9 a 18. Mi forma de vestir no era la más común en el ámbito universitario de aquel momento.

Desde entonces, sentí la misión de poner luz sobre asuntos de salud, moda y estilo. Estaba convencida de que vestirse es un acto político y de que, desde la forma en que hacemos las cosas, creamos negocios y emprendemos, podemos agregar valor y mejorar tanto nuestra calidad de vida como la de nuestro entorno.


Me contaste que Get Wild nació a partir de la enfermedad de tu mamá y de la necesidad de encontrar prendas suaves que cuidaran su piel durante el tratamiento.

¿Cómo fue aquella experiencia y de qué manera te llevó a investigar nuevas alternativas textiles?

¿En qué momento descubriste la fibra de bambú y comprendiste que esa búsqueda podía convertirse en un emprendimiento?


A mi mamá le detectaron cáncer de mama en 2013.

Su oncóloga le indicó que necesitaba usar un top hipoalergénico y sin costuras para poder atravesar las 35 sesiones de radioterapia, fue en ese momento cuando todas mis búsquedas personales y profesionales se integraron; ya tenía el dato de que la tela de bambú era ideal para estar en contacto con la piel, sobre todo en casos de piel sensible y durante determinados tratamientos.

Yo ya había comenzado a investigar sobre la fibra de bambú, en particular sobre su uso ancestral, y me había puesto en contacto con productores de bambú de toda la región para entender cómo se podían desarrollar productos a partir de esta planta y explorar sus beneficios reales.

Mi mamá atravesó su tratamiento con un top de algodón con lycra que, si bien no era ideal porque resultaba bastante rígido e incómodo, fue funcional en ese momento.

Para julio de 2016, mi investigación ya estaba muy avanzada.

Había entrevistado a especialistas en bambú y ratán de Argentina, Brasil y Colombia, viajado para conocer maquinaria, conectado hilanderías y tejedurías con productores y logrado abrir una puerta en el Ministerio de Agroindustria para trabajar sobre biomateriales.

Una amiga me inscribió en Potenciate, un concurso para diseñadores de indumentaria del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, llegué a la final con una muestra de tela y una idea.

En ese período conocí a Gabi (Gabriela Rivero), mi actual socia, que era mi compañera de trabajo en la empresa donde ambas llevábamos casi una década trabajando en relación de dependencia.

Ella es licenciada en Marketing y está especializada en Sustentabilidad.

Mostró un profundo interés en lo que yo estaba desarrollando.

Desde entonces nos unimos, renunciamos a la seguridad del mundo corporativo y diseñamos nuestra primera colección atemporal de básicos para que la gente pudiera disfrutar del placer de vestirse de pies a cabeza con fibra de bambú.

Creamos una tienda online, pero también salimos a ofrecer nuestros productos a diferentes locales de la Ciudad de Buenos Aires, porque la tienda todavía no generaba movimiento.

Las redes sociales y el auge del comercio electrónico llegaron mucho después.

Para enero de 2017, las dos ya estábamos dedicadas a tiempo completo a Get Wild.

Elegimos ese nombre porque significa «volvete salvaje» o «enloquece», y era justamente lo que nos estaba pasando cuando tomamos la decisión de dar ese salto de fe.

En abril de 2017 nos presentamos a un concurso y obtuvimos el primer premio en la categoría Impacto Social y Ambiental del Premio Joven Empresario de la Ciudad, impulsado por CAME y FECOBA. Ese reconocimiento nos abrió puertas y nos impulsó especialmente en el desarrollo de trabajos corporativos. Nos convertimos en proveedoras oficiales de Brooklyn Fitboxing, la cadena de gimnasios de Maravilla Martínez. Después se sumaron Cabify, Zurich, Natura, Lollapalooza y otras grandes empresas que elegían vestir a sus equipos o realizar activaciones de marca con nuestros productos.

Los trabajos corporativos y la venta mayorista fueron el puntapié inicial para encontrar nuestro lugar en el mercado. Así creamos una red de más de 150 embajadores en todo el país que, además de usar las prendas, las comercializaban en sus lugares de residencia y en locales comerciales.


Venías de trabajar durante años en una empresa de telecomunicaciones y decidiste apostar por un proyecto completamente diferente.

¿Cómo fue el proceso de investigación y desarrollo hasta llegar a la fibra de bambú?

¿Qué desafíos enfrentaste para convertir una idea en prendas concretas, encontrar proveedores y construir una marca en una industria que no conocías desde adentro?


Al principio todo era incertidumbre y parecía una locura total, de hecho, en las primeras notas que nos hacían nos titulaban literalmente como «las locas del bambú».

Si bien se nos cerraron muchas puertas en la industria tradicional, nosotras nos dedicamos a abrir ventanas

El primer paso fue contactar a productores de bambú de toda Latinoamérica —Brasil, Colombia y, por supuesto, Argentina— y recopilar información técnica de Asia.

El bambú crece en todo el planeta y más del 50 % de sus 1.500 especies habitan en el continente americano. Hoy, en Argentina, trabajamos con plantaciones autóctonas e implantadas de provincias como Misiones, Chaco y Formosa.

Tras asesorarnos con especialistas y conocer las buenas prácticas de cultivo, entendimos el proceso.

Al inicio trabajamos con maquinaria específica para extraer la lignina, como sucede con la caña de azúcar. Una vez obtenida la fibra, se hila y se teje de forma similar al algodón.

El mayor desafío fue introducir un material alternativo en el sector textil, donde la mayoría no tenía idea de lo que estábamos haciendo, tuvimos que crear la cadena de valor desde cero: conectamos a los productores de bambú con hilanderías y tejedurías nacionales, también tuvimos que capacitar sobre su uso en corte y confección, porque el tejido es muy suave y se desliza fácilmente.

El esfuerzo valió la pena porque el bambú es un recurso natural con características muy interesantes. Crece en distintos tipos de terrenos y, con buenas prácticas de cultivo, puede desarrollarse con una menor dependencia de insumos agrícolas.

Su procesamiento, sin embargo, depende de los métodos utilizados, y por eso es importante evaluar la cadena productiva completa.

Al involucrarnos en la industria textil, nos dimos cuenta de que teníamos una visión diferente de lo socialmente aceptado.

No ser diseñadoras nos permitió abordar el diseño desde otra perspectiva y plantear nuevas formas de hacer las cosas. Desde el inicio dejamos de considerar los retazos como desperdicio y buscamos crear nuevos productos con cada retazo que queda entre molde y molde.

No tenemos scrap o desperdicio textil: nada se pierde, todo se transforma.

En cuanto al packaging y los envíos, desde el primer momento trabajamos con materiales reciclables o compostables para crear una experiencia sin desperdicio, desde el inicio hasta que el cliente recibe el producto. La idea es que, cuando recibís una prenda de Get Wild, puedas plantar la etiqueta, compostar el packaging y reutilizar la tote bag.

Cuando comenzamos no había proveedores de papel compostable, así que trabajamos con papel kraft de bajo gramaje y nunca utilizamos plástico nuevo de un solo uso.

En octubre de 2019, después de una auditoría de nuestros procesos, obtuvimos el Sello Bioproducto Argentino, que acredita el bajo impacto ambiental de nuestros procesos, el origen local y biológico de los productos, y favorece los intercambios comerciales locales e internacionales.












Get Wild propone otra manera de pensar la indumentaria, desde los materiales hasta los procesos de producción.

¿Qué significa para vos hacer moda sustentable en la práctica y cuáles son los desafíos de sostener esa propuesta en Argentina?

¿Cómo atravesaste las crisis económicas y qué decisiones fueron determinantes para que el emprendimiento pudiera crecer?


Para mí, la moda sustentable va mucho más allá de trabajar con una fibra natural.

Se trata de tener procesos con visión a largo plazo y ejecutar acciones concretas aquí y ahora.

No basta con usar un material «sostenible»: hay que crear un sistema que pueda evolucionar, poniendo en el centro de la escena al ser humano y al medioambiente, es decir, construir empresas que sean buenas para el mundo, a partir de procesos virtuosos, de alto impacto social y bajo impacto ambiental.

El mayor desafío en Argentina, y nuestro gran secreto para sostenernos, ha sido la flexibilidad.

A lo largo de estos diez años de trayectoria fuimos capaces de adaptarnos a cambios constantes. Atravesamos una pandemia apoyándonos en herramientas digitales y en nuestros aliados estratégicos.

Una decisión determinante fue elegir crecer orgánicamente, en lugar de tomar deuda y sobre expandirnos, desde el inicio decidimos reinvertir todo en el negocio, creciendo sostenidamente año tras año.

En esta década vimos nacer muchas empresas que se expandieron rápido y luego tuvieron que achicarse o, lamentablemente, cerrar. Nuestro ritmo de crecimiento responde a una filosofía de vida inspirada en el propio bambú: echar raíces fuertes hacia abajo y hacia los costados, tejiendo un rizoma de raíces, para luego crecer hacia arriba.

Eso nos permitió construir un equipo sólido.

Hoy somos 15 personas trabajando y la gran mayoría ya tiene al menos siete u ocho años de antigüedad en Get Wild, actualmente estamos atravesando un hermoso período de expansión: integramos inteligencia artesanal y artificial, mejoramos las funcionalidades y la dinámica de nuestro sitio web, realizamos activaciones, creamos experiencias y desarrollamos contenido artístico y educativo sobre el impacto positivo que puede tener la indumentaria de bambú en nuestra salud y en el planeta.


Participaste en Desvestida, el documental conducido por Mariana Fabbiani.

¿Qué significó formar parte de ese proyecto y qué te interesaba transmitir sobre la industria de la moda y nuestros hábitos de consumo?

Después de todo lo recorrido, ¿qué te gustaría que la gente comprendiera sobre Get Wild y cuáles son los próximos desafíos que te proponés como emprendedora?


Formar parte de Desvestida fue un honor enorme.

Mariana nos hizo preguntas muy atinadas sobre los problemas de la moda y la serie expuso datos clave que el consumidor necesita conocer.

Viajamos a Misiones y teníamos dos objetivos principales. Por un lado, visibilizar que en Argentina crece bambú, que hay investigadores expertos en el tema y que es un recurso con potencial ambiental si se aplican buenas prácticas de cultivo.

También queríamos derribar el mito de que es una planta invasora en todos los casos, cuando su comportamiento depende de la especie y de cómo se gestione su cultivo.

Por otro lado, queríamos transmitir que en el acto cotidiano de vestirnos hay un gran poder. Vestirse debería generar placer, conectarnos con nuestra identidad y permitirnos percibir la belleza de lo simple, resaltando nuestra propia naturaleza.





Lo que elegimos ponernos sobre la piel impacta directamente en nuestra salud y en el planeta.

También queríamos destacar que la moda sostenible no tiene por qué ser más cara: se trata, sobre todo, de producción y consumo responsables y que la prenda más sostenible es la que ya tenés en tu guardarropa.

Después de diez años de trayectoria, lo que más me gustaría que la gente comprendiera es que, como marca, tenemos una gran misión: hacer llegar la ropa de bambú a cada rincón del país por sus características.

La fibra de bambú puede ofrecer una textura muy suave y propiedades de confort interesantes.

Sin embargo, las características finales de una prenda dependen del tipo de fibra, su procesamiento, la composición del tejido y su confección. Por eso, es importante conocer el producto concreto y no atribuirle automáticamente propiedades médicas por su origen.

Nuestro próximo gran desafío como emprendedoras es seguir abriendo caminos en el sector textil, expandirnos internacionalmente, compartir nuestra visión y nuestros métodos de crecimiento, consolidar nuestra comunidad y generar experiencias enriquecedoras en torno al contenido, la salud y el bienestar. Creemos que es posible crecer en la industria textil argentina haciendo hincapié en prácticas de comercio justo, donde todos ganemos y el sistema sea saludable para quienes forman parte de la cadena.


Mi encuentro con Agostina en Puro Diseño me recordó que detrás de una prenda puede existir mucho más que una tendencia.

En Get Wild hay investigación, una historia familiar, decisiones empresariales y una búsqueda por transformar la manera en que producimos y consumimos indumentaria.

Su recorrido también invita a pensar en el valor de los emprendimientos que se animan a explorar otros caminos, a construir una cadena de producción y a sostener una identidad incluso cuando el mercado exige resultados inmediatos.

Elegir qué vestimos es una decisión cotidiana, pero también puede ser una oportunidad para informarnos sobre los materiales, los procesos y las personas que hacen posible cada producto.

Ojalá esta historia nos anime a mirar las etiquetas con más curiosidad, a valorar el diseño que tiene un propósito y a acompañar a quienes trabajan para construir alternativas en la industria textil.

Porque el verdadero lujo silencioso no siempre está a la vista: a veces se encuentra en la investigación, en la calidad de los materiales, en el cuidado de los procesos y en la coherencia entre lo que una marca propone y lo que hace.


DATOS DE CONTACTO

Get Wild: www.getwild.com.ar

Redes sociales: @getwildar

Hasta la próxima semana!

La Señora del Lujo Silencioso

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